Medellín la eterna paradoja: La Escombrera, Colombiamoda y Feria de las Flores

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Artículo de opinión por Diego Herrera Duque, presidente del Instituto Popular de Capacitación (IPC)

Medellín es una ciudad que tiene su propio cielo y su propio infierno. Allí conviven la vida y la muerte, la celebración y la humillación, la austeridad y el derroche, el presente y el pasado que grita. Vivimos en una ciudad que tiene dos caras y es una sola moneda.

En las últimas semanas hemos asistido a esta paradójica realidad. Por un lado, se inicia el proceso de excavación, acompañamiento psicosocial, reconstrucción de memoria y búsqueda  de las víctimas de la Escombrera, ubicada en la Comuna 13, entre San Javier y San Cristóbal, en la zona occidental de Medellín.

Simultáneamente, inicia Colombiamoda que, como bien dice en su página web, es la plataforma comercial más importante del país que reúne la oferta y la demanda más completa del Sistema Moda, y se consolida a través de sus pasarelas y negocios como una de las más importantes en este campo. A renglón seguido, la ciudad se llena de orgullo y alegría con el inicio de la Feria de las Flores, donde Medellín se llena de vida, como reza parte de su publicidad. En un lado de la moneda, en un pedazo de ciudad, se escarba en la tierra la esperanza de encontrar los rostros y cuerpos de centenares de desaparecidos. En la otra cara de la moneda, están los rostros embebidos de festividad y llenos de vida de la Feria, y los rostros bellos y cuerpos modelados de la pasarela más importante, posando para el mundo.

Foto: Andrés Ángel
Foto: Andrés Ángel

La expectativa de encontrar los restos de víctimas desaparecidas en La Escombrera, fruto de la dinámica y crudeza del conflicto que allí se dio desde inicios de la década del 2000, es una tarea enorme. Incluso las cifras hoy no son tan claras: La Fiscalía habla de entre 80 y 90 personas sepultadas, alias “Don Berna” en audiencias de Justicia y Paz habló de 300, y las organizaciones de Derechos Humanos hablan de 100. Pero lo esencial es que se inició, siendo una de las experiencias más importantes de esta naturaleza en el mundo orientada a la búsqueda, identificación e inhumación de personas desaparecidas. Es una tarea que inicia 13 años después de ser una aspiración de la comunidad de la Comuna 13 de Medellín y de varias organizaciones de derechos humanos de la ciudad, para el esclarecimiento de la verdad y la reparación de los derechos vulnerados ante las disputas de poder y control por el territorio, que pusieron por años a la comunidad en medio del conflicto y la subordinación bajo dos órdenes claramente identificados: el orden del para-estado y el orden del contra-estado[i]. Los habitantes fueron vistos como adversarios potenciales, sin hacer distinciones en términos del Derecho Internacional Humanitario y con graves violaciones a sus derechos humanos.

La llamada toma de la Comuna 13 ocurrió durante y después de varias operaciones militares de las Fuerzas del Estado, en connivencia y con apoyo de los paramilitares del Bloque Cacique Nutibara en el año 2002. Todo el mundo supo qué pasó en la ciudad, pero nadie dijo nada. Se tenía que mantener la pasarela y el desfile. Así, se impuso un orden hegemónico sobre el territorio: el del para-estado, y se extendió el proceso de pacificación sobre Medellín. Eran los tiempos del reinado criminal de la Oficina de Envigado y el Bloque Cacique Nutibara, comandado por el ex jefe paramilitar Diego Fernando Murillo Bejarano, alias “Don Berna”. Ese régimen para-estatal, que se instaló hasta finales de la década, no reñía con la Feria y con los negocios de la moda. Así se iba construyendo un falaz relato alrededor del llamado milagro de la ciudad que transitaba del miedo a la esperanza.

Pero volviendo atrás, en agosto de 2002 se realizaba en la Comuna 13 la “Operación Antorcha”, con la justificación de que ésta buscaba prevenir atentados y garantizar la seguridad de la Feria de las Flores; aunque a esa fecha, en una estrategia sistemática, ya se habían realizado nueve operaciones militares sobre la misma comuna. La ciudad seguía gozando de su prestigio alrededor de laXIII versión de Colombiamoda 2002la capital de las modelos con medidas perfectas y batiendo record de ventas, como informaban en la época. También, por aquellos días, el entonces alcalde, Luis Pérez Gutiérrez, anunciaba a los medios de comunicación la decisión de que la Feria de las Flores se internacionalizaría, que saldría del provincialismo y se lograría proyectar a nivel nacional y en el exterior. De esa forma se volvía al principio, había que justificar las operaciones militares en la Comuna 13 y atarlas al orgullo y la cohesión que provoca la Feria en la sociedad antioqueña. Todos seguían tranquilos, había que hacerlo y lo importante era gozar, mostrar, desfilar… asegurar el prestigio de la ciudad.

Foto: Róbinson Úsuga
Foto: Róbinson Úsuga

Quien puede negar que Colombiamoda es una gran pasarela y plataforma comercial, que se ha consolidado desde sus inicios en el año 1989. Quien puede negar que la Feria de las Flores es la gran fiesta tradicional de los antioqueños desde 1957. Quien puede negar que La Escombrera sea un testimonio de la tragedia hace 13 años. Quien puede negar que las víctimas de desaparición forzada son una vergüenza para la ciudad al día de hoy.

Después de tantos años, trece para ser un poco más exactos, la ciudad de la esperanza, solidaria y competitiva, innovadora, de la vida, y hoy la Nueva Medellín, se erige sobre los vestigios de la muerte, el riesgo al olvido, el esnobismo y la presencia de los ausentes. Es una dura coincidencia entre la ciudad espectáculo y la ciudad pacificada. Por eso, las familias de La Escombrera y la sociedad no solo esperan encontrar sus muertos y dignificarlos, también reclaman la verdad sobre la responsabilidad que tienen las autoridades políticas, la Fuerza Pública y los organismos de inteligencia e investigación que durante tantos años encontraron en la hipocresía del silencio y la frivolidad de los datos, una justificación moral y política.

En Medellín, la estampa del silletero y las silletas; las ilustraciones de las modelos perfectas; y las fotos de los desaparecidos, pegadas en un cartel cargado por sus familiares; seguirán recordando que la ciudad sigue teniendo su cielo y su infierno.

* Las ideas aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y en nada comprometen al Instituto Popular de Capacitación (IPC)


[i] Comprendiendo el orden del para-estado, como una organización paralela al Estado, y el orden del contra-estado, entendido contra la personalidad jurídica en la que se estructura la vida política de una colectividad.

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