“Volver al bien común”, condición para que haya paz en el Bajo Cauca

Así lo afirmó Jorge Alberto Ossa Soto, obispo de Santa Rosa de Osos, al referirse a la construcción de paz en esa subregión de Antioquia.

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A través de sus parroquias, la Diócesis de Santa Rosa de Osos ha venido trabajando en la construcción de paz con las comunidades en el Bajo Cauca antioqueño. Con ellas, han establecido “compromisos humanos y sociales” con el objetivo de promover entre los habitantes la idea de ser mejores ciudadanos, vivir bien y convivir en fraternidad.

Esta institución eclesiástica tiene entre sus prioridades contribuir a la construcción de paz en el Bajo Cauca. Para ello, la Diócesis instituyó la Cátedra del Territorio, que reflexiona sobre las necesidades y oportunidades de la subregión, y además ha realizado foros con alcaldes de la zona, con el propósito de conocer cuáles son las dificultades que hay en los territorios y cómo aparecen reflejadas en los planes de desarrollo local de los últimos cinco años.

Estos y otros ejercicios han permitido establecer que uno de los mayores desafíos de la subregión es superar los conflictos, tanto el armado como el social, que han surgido por las disputas de poder sobre los recursos que hay en el territorio y han generado condiciones de inequidad y desempleo, y obstáculos para acceder a educación, vivienda y otros derechos que garantizan una vida digna.

Igualmente, han permitido identificar que una de las condiciones necesarias para construir paz en el Bajo Cauca –y que va de la mano con otras ineludibles, como la verdad, el perdón y la reconciliación– es promover el retorno al horizonte del bien común como sentido que oriente las acciones de los pobladores en los distintos ámbitos de la cotidianidad.

Así lo manifestó Monseñor Jorge Alberto Ossa Soto, obispo de Santa Rosa de Osos, quien conversó con la Agencia de Prensa IPC sobre el reto de construir la paz en el Bajo Cauca antioqueño.

A partir de la presencia y el trabajo de la iglesia católica en el Bajo Cauca, ¿cuáles problemáticas se han identificado en este territorio?

En el Bajo Cauca hay muchísimas problemáticas, a pesar de todas las posibilidades y oportunidades que tenemos. Esas oportunidades son fuertes si se acompañan con buenas relaciones y mirando intereses colectivos son grandes fundamentos para un desarrollo sostenible, para un desarrollo justo que incluya a las comunidades. Pero si estas se miran como tradicionalmente lo han hecho, desde la búsqueda de intereses particulares, pues se generan grandes conflictos.

Aquí hemos visto conflictos de mucha índole, no solo armados sino relacionales. En primer lugar en el campo de la educación, de la formación, de la capacidad de la gente para expresarse. En ocasiones, nos expresamos con la reclamación de nuestros derechos, el cumplimiento de nuestros deberes, pero a veces exigimos violentamente esos derechos y las relaciones se vuelven de poder o de lucha por el poder.

Ese es uno de los grandes conflictos, el de la lucha por obtener el poder sobre recursos que benefician a muy pocos abundantemente y a los cuales otros no tienen acceso, como la educación, la vivienda justa, el territorio para trabajar en actividades económicas normales.

Aunque también tenemos problemas de narcotráfico y minería que irrespetan al medio ambiente y a las comunidades, porque a veces las relaciones entre la exploración y extracción no están bien establecidas.

Entonces algunas de las problemáticas que existen acá se originan por todas esas riquezas que tenemos y que no son aprovechadas de un modo justo o equitativo, para que generen beneficios para todas las comunidades y nos hagan crecer a todos. Porque no es malo que haya quien tenga, pero esa tenencia debe ser proporcionada y justa, y no a expensas de otras personas.

Por eso hay que mirar muchos aspectos, como los recursos que tenemos, que podríamos decir: son problemáticos, pero que por otro lado podrían ser potenciales del desarrollo si generan progreso y bienestar para las comunidades menos favorecidas.

¿Qué responsabilidad, cree usted, ha tenido el Estado en el hecho de que esas problemáticas se perpetúen en el Bajo Cauca?

Eso lo hemos escuchado siempre: el Estado es muy débil, su presencia a veces es muy centralista y tenemos un pecado muy grande en nuestro país, que es la corrupción. A veces, buscamos más nuestros intereses personales, ya sea a partir de nuestro grupo partidista o como gobernantes y dirigentes de turno, y no se mira el bien común.

Entonces hay que volver al bien común; hay que volver a poner principios éticos, porque no todo se vale. No podemos mirar todo desde el punto de vista meramente económico: costo-beneficio, capital-producción-resultado, sino que el capital tiene que ser el hombre, la persona.

Y de ese modo superar unas relaciones que son muy frágiles y la falta de verdad y de perdón, porque nos hemos vuelto intolerantes, no aceptamos a los demás. Yo creo que hace mucho tiempo que no se hablaba tanto de tolerancia como hoy y, sin embargo, seguimos siendo intolerantes. Exigimos demasiado para nosotros mismos, pero no somos capaces de abrirnos para los demás.

Monseñor, usted mencionaba ahora el concepto de la verdad, ¿por qué es importante este asunto para el territorio y el país en general?

La verdad es una, y no es la que me interese a mí o decir las cosas como me gusta o como quisiera que se señalen, sino como ocurrieron u ocurren. La verdad es eso, no sin razón dice el señor en el evangelio: “La verdad os hará libres”.

La verdad, siempre han dicho, es la conformación o la configuración de los pensamientos con la realidad, y cómo hemos obrado en ella. Entonces, la verdad no puede ser disfrazada. A veces es difícil, es dura, pero humilde; nos permite reconocer los puntos de partida, mirar quiénes somos, hacia dónde debemos ir, cómo deben ser nuestras transformaciones. Eso de la verdad es fundamental para poder contribuir  a la reconciliación.

Nosotros los cristianos desde la fe decimos que la reconciliación empieza por Dios, porque él nos reconcilia en su hijo Jesucristo que se hizo hombre, cargó con nuestro pecado y nos perdona. Pero él nos invita también a perdonar, a acoger al otro, a abrirnos a los demás para poder construir paz, que no es la ausencia de violencia sino la resolución respetuosa, fraterna, pacífica y racional de los conflictos, para que haya una convivencia.

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Respecto a los actores sociales que están presentes en el Bajo Cauca, ¿qué lecturas tienen ustedes de ellos y de su labor?

Los actores sociales en el territorio son todos, es decir, los ciudadanos respetuosos y organizados por sus principios o sus intereses comunes, y son importantísimos para la construcción de convivencia, para la construcción de sociedad, para la construcción de ciudadanía, porque son quienes viven la cotidianidad aquí.

También son fundamentales para darle validez, digamos así, moral y social a los comportamientos propios y al mismo comportamiento ciudadano en general, para no tener que recurrir a actores armados, o antisociales como los llamamos, que vengan a dictar cómo debe ser el comportamiento, muchas veces movidos por sus aspiraciones personales o políticas.

De ahí que la ciudadanía, los grupos sociales, las comunidades organizadas y las iglesias, que buscamos intereses comunes, sean fundamentales para que nuestra voz finalmente se oiga. Porque en la Constitución nosotros tenemos muchos elementos de participación, pero a la hora de la verdad son muy inoperantes; no le dejan espacio a la comunidad. Y por eso no se escucha la voz de la comunidad sino los intereses de quien fue elegido para representarla.

Si llegara a concretarse el acuerdo de paz con las FARC, y posiblemente con el ELN –e inclusive el sometimiento de las Bacrim–, ¿cree usted que se lograría la paz en los territorios?

Lo que llaman el posacuerdo o posconflicto es una página sin escribir, que tiene que partir de la buena voluntad de todos para hacerla posible. Es decir, nosotros mínimo tenemos que dar el beneficio de la duda y generar espacios para el diálogo y la comprensión respetuosa, pero el Gobierno y los grupos subversivos que están en el proceso tienen que obrar con la verdad y ceder en sus pretensiones, en búsqueda de un bien superior que es el bien común.

¿Cuánto nos demoraremos para lograrlo?  Lo sabremos de acuerdo con la disponibilidad de corazón de todos hacia una verdadera conversión, porque somos una sociedad muy violenta y rencorosa. Eso, y la búsqueda real de la concertación, es lo que se necesita para el bien de las comunidades y para escribir esa página.

Yo siempre tengo esperanzas en que el hombre, a pesar de sus debilidades, es dado a reconstruir por el poder del perdón. Y para eso hay que superar los límites y levantarnos como gestores y constructores de un país más digno y fraterno, porque esta es una oportunidad que no podemos desaprovechar.

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