El “hijo adoptivo” de la sagrada familia antioqueña

Artículo de opinión escrito por Diego Herrera Duque, presidente del IPC.

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El “hijo adoptivo” ha sido des-adoptado en Antioquia. Recibir al hijo que no lo es, es complicado. 

Como lo informó el portal informativo Las2Orillas esta semana, se tenía previsto para hoy, 24 de marzo de 2017, que la Asamblea de Antioquia le otorgara la Orden de la Antioqueñidad al destituido ex procurador Alejandro Ordóñez Maldonado, que lo convertiría en “hijo adoptivo” de Antioquia.

La proposición ante la Asamblea fue hecha por el diputado Carlos José Ríos Correa, del Partido Conservador, y votada por varios diputados. De ellos, tres son del Partido Conservador, dos del Partido Liberal, dos del Partido de la U, dos de Cambio Radical y seis del Centro Democrático. Llama la atención que muchos de ellos son cercanos y están ligados a las tramas políticas y liderazgos en la región de la casa Suarez Mira de Bello, al grupo político de la Universidad de Medellín, a la familia Uribe Vélez, a las historias políticas de Cesar Pérez y de Alfredo Ramos Botero, y a la práctica de transfuguismo entre partidos. Es decir, un coctel donde la corrupción, la criminalidad, las investigaciones judiciales y la oposición al proceso de paz se juntan peligrosamente, como se deduce de los perfiles y trayectorias  entregadas por el mismo portal.

Como se recuerda, el ex procurador Ordoñez fue destituido de su cargo por el Consejo de Estado en septiembre de 2016. Con esa medida, fue anulada su reelección por irregularidades cometidas a través del conocido mecanismo “yo te elijo, tú me eliges”, luego de tres años de haberse realizado la demanda y tras la constante dilatación del proceso.

Ese mismo periodo, le sirvió como plataforma política de sus aspiraciones presidenciales con recursos de los colombianos, le permitió oponerse férreamente al proceso de paz entre el Gobierno Nacional y las FARC–EP, limpiar actos de corrupción y atravesarse a un conjunto de reformas legislativas democráticas, necesarias  para garantizar los derechos humanos de las minorías sociales, como las mujeres, el sector LGBI, entre otros.

Desde la Procuraduría, dejó ver su talante ultraconservador, sus apetitos electorales y de poder, su compromiso por devolver el Estado laico y la decisión de impedir dinámicas de apertura democrática en la sociedad colombiana.

¿Cuál era, entonces, el mérito para tan alto homenaje? Ese personaje de la vida política era a quien la Asamblea Departamental pretendía reconocer como hijo ilustre de esta región. No obstante, la polémica y la presión social que generó la proposición obligaron a que la misma duma departamental que solicitó el reconocimiento revocara, argumentando razones jurídicas, la decisión de otorgarle la Orden de la Antioqueñidad al destituido  ex procurador. Como dice el argot popular: “se le voltearon”.

Menos mal no quedamos con ese “hijo adoptivo”.

Pero más allá de estas circunstancias, ¿cuál era realmente el mensaje que querían enviarle a la sociedad antioqueña quienes hicieron la proposición?

Aunque el “hijo adoptivo” no fue adoptado, la proposición dejó inquietantes impresiones. Una moderada, y quizá un poco moralista, es que quienes votaron por “el ilustre”, buscaban que fuera redimido y absuelto, al menos moral y políticamente, por un sector de la sociedad antioqueña ante la destitución del Consejo de Estado. Es decir que en razón de su destitución, por aquella práctica de comprar su reelección como procurador con cargos y nombramientos, era necesario recuperar su buen nombre y, además, promoverlo.

La aspiración de redimir su buen nombre en la Asamblea Departamental podría ser, también, porque encuentra allí a quienes profesan y creen en la corrupción, la lógica mafiosa, el entorpecimiento  del dialogo con el Otro, la evasión de la justicia y el obstáculo a la paz; es decir, su sagrada familia. En ese sentido, comparten su credo  y lo disfrutan, les gusta la predica del ex procurador sobre su idea pobre y ortodoxa de familia. Además se benefician. ¿Por qué no convertirse en una buena y próspera familia, si todo vale?

El esfuerzo de restaurar la sagrada familia, eje de campaña del ilustre destituido, tanto en tiempos del plebiscito y de campaña, como otrora de procurador, tuvo gente que lo reconoció y otra que se le “volteó”. De ahí que esa práctica, incestuosa políticamente, a veces le complique el panorama al ex procurador–candidato. En este caso, algunos políticos antioqueños dejaron ver sus dientes y su apetito de restauración conservadora.

Ciertamente, diversos sectores políticos en Antioquia ya dejaron ver su comunión con el candidato,  casi “hijo adoptivo” de Antioquia, Alejandro Ordoñez. El mensaje fue claro: cuenta con respaldo político a su candidatura y sus ideas en este departamento. Ahora, si la sociedad lo permite, puede ser adoptado como presidenciable por la sagrada familia política y social de Antioquia que se articula alrededor de la  corrupción, la criminalidad y la injusticia.

¡Que voten ellos por usted, ex procurador. Yo, no!

*Las ideas aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y en nada comprometen al Instituto Popular de Capacitación (IPC).

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