Si algo ha cambiado para los habitantes del corregimiento San José es haber dejado atrás el temor a quedar en medio del fuego cruzado entre la guerrilla y la Fuerza Pública. No hace mucho la situación era constante. Pero eso cambió con la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC el 24 de noviembre de 2016 en el teatro Colón de Botogá.

Esto no quiere decir que tras cinco décadas de conflicto armado interno ahora todo marche bien en San José. La realidad hoy es que la presencia de los grupos paramilitares ha generado una nueva zozobra. Sin embargo la comunidad está tratando de reconstruir el tejido social y organizativo que la guerra destruyó.

Bajo ese propósito, la Asociación de Campesinos de  San José de Apartadó (Acasa), desarrolló el primer Torneo por la Paz en el que participaron equipos de fútbol de 12 de las 32 veredas del corregimiento, ubicado a 12 kilómetros de la cabecera municipal de Apartadó en el Urabá antioqueño.

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El torneo es además una forma de empezar a mostrar los talentos de los pobladores de este territorio, que durante décadas han sido opacados por la violencia. Así  lo expresó Jesús Antonio Álvarez, integrante del Comité de Deportes de Acasa y miembro del Comité de Derechos Humanos de San José.

“Fuera de que los campesinos trabajamos la tierra y damos de comer a la ciudad, tenemos mucho talento. Vemos que hay gente a la que le gusta el voleibol, el microfútbol, diferentes disciplinas, pero no tenemos ni el apoyo por la institucionalidad ni por ningún otro lado”, expresó el líder campesino.

En esta ocasión la oportunidad llegó de la mando del Instituto Popular de Capacitación que acompaña a Acasa desde 2016, y de la organización Solidaridad Socialista de Bélgica (Solsoc) que empezó a brindar su apoyo a este proceso campesino en enero de 2017.

Para Martha Peña, coordinadora del proyecto por el acceso a la tierra desarrollado por el IPC con el apoyo de Solsoc, el torneo de fútbol se ha convertido en “un proceso de cohesión comunitaria y de apoyo a los jóvenes que vienen siendo víctimas de reclutamiento forzado, principalmente por los paramilitares que frente a la falta de oportunidades les ofrecen dinero para que ingresen a sus estructuras. Entonces, todo aquello que sea artístico, deportivo, de cohesión, de reivindicación de valores, de la comunidad, es necesario respaldarlo”.

Un torneo para unir a la comunidad y apoyar a la juventud

Torneo San Jose 2_2018
Desde tempranas horas de la mañana los campesinos llegaron con sus niños y jóvenes para presenciar la final del Torneo por la Paz en San José de Apartadó.

Pasado el mediodía, la romería en San José empezó a concentrarse en la cancha de fútbol, a un costado del caserío. Desde tempranas horas decenas de campesinos llegaron al corregimiento para cumplir con sus tareas cotidianas del domingo: vender la cosecha, mercar, escuchar la misa y tomarse un tinto o una cerveza con los conocidos de siempre. Pero ese 22 abril la rutina tenía un elemento diferente: la final del Torneo de Fútbol por la Paz.

La disputa por el primer puesto era entre el equipo de San José, conformado por jóvenes y adultos de la cabecera corregimiental, y Guineo Bajo, una vereda que históricamente fue afectada por la violencia, en la que sus pobladores subsisten principalmente del cultivo de cacao.

Para el delegado de deporte de Guineo Bajo, Eduardo Páramo, “la experiencia del torneo ha sido muy buena porque nos unimos, el grupo de mi vereda con otras veredas de aquí, a recrearnos. Estamos comenzando y vamos a mejorar, pero por ahora ya estamos en una final que la vamos a disputar con San José”.

Desde la orilla opuesta de la cancha, Alberto George Gañan, jugador del equipo de San José, coincidió en que lo que más le gustó el torneo, que empezó a fines de 2017, fue “la integración, porque vino mucha gente al corregimiento a ver jugar”.

Alberto tiene 35 años, de los cuales lleva 18 jugando al fútbol en el equipo de San José. Dice que también ha participado en tornes municipales realizados por las alcaldías de Urabá. Pero se alegra de que en esta oportunidad la contienda haya sido interveredal porque vio mucho talento en el corregimiento, de donde ya “han salido muchachos a probarse en el fútbol en otras regiones”.

El juego quedó 4-3. El equipo ganador fue San José. Lo que siguió entonces fue la celebración, la entrega de trofeos y el otorgamiento de los premios.

La sensación que le quedó a Jesús Antonio es que este torneo, además de fortalecer el deporte, fue un espacio de apoyo para los jóvenes; “para que ellos pudieran recrearse y ver la vida de otra manera, ya no más con todo lo que nos ha pasado en la violencia, con el sufrimiento, con el desplazamiento, o de pronto con estar encerrado en el monte sin ninguna salida. Y esperamos que con esto ellos tenga un espacio  más para sus vidas”.

Apoyos para reconstruir el tejido social

San Jose de Apartado_torneo 2018
En San José habitan 5.308 personas de las cuales el 77% vive en la zona rural. El corregimiento tiene déficits en vivienda, salud, titulación de predios y servicios básicos de energía, acueducto y alcantarillado. La mayoría de la población se dedica al cultivo de cacao, plátano, productos de pan coger y a la cría de ganado.

Para Martha Peña, investigadora del IPC, los procesos deportivos, sociales y culturales de organizaciones como la Asociación de Campesinos de San José de Apartadó requieren de mucho acompañamiento “porque está en un territorio que ha resistido todos los embates del conflicto armado y la violencia. Es una comunidad que ha sufrido estigmatizaciones de todo tipo y que ha puesto más o menos 350 muertos en los últimos 20 años”.

Peña agregó que en San José, como en otros territorios de Urabá, las personas que fueron desplazadas en medio del conflicto están haciendo esfuerzos por retornar, pero además hay comunidades que resistieron y que aún hoy están dando una lucha por permanecer en el territorio y no dejarse despojar.

“Y esto merece un respaldo que fortalezca todas sus capacidades, más cuando se habla de un periodo de posconflicto en el que tras la salida del Quinto Frente de las FARC de la zona, el Estado no ha llegado y no se han mejorado las condiciones de vida de la gente. Y por el contrario, pese a que el corregimiento permanece militarizado, hay presencia de los paramilitares”, denunció la investigadora del IPC.

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