Boletín virtual N° 2 Observatorio (2016)

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     Si la ciudadanía es algo que remite a un proceso histórico, siempre vamos a estar hablando de una construcción de ciudadanía y de que haya también una reconstrucción constante de esa ciudadanía.

    (Landau)

    Editorial

    Por: Jorge Diego Sierra Arroyave[1] y Juan Esteban Jaramillo Giraldo[2]

    El pensador francés Stéphne Hessel fue uno de los  redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948,  en el 2010 publicó ¡Indignaos! donde sustenta que la indiferencia es la peor de las actitudes y en su obra “exhorta a los jóvenes a indignarse, dice que todo buen ciudadano debe indignarse actualmente porque el mundo va mal, gobernado por unos poderes financieros que lo acaparan todo”. Ser indiferentes en un mundo donde hay cosas insoportables, como las que se viven en campos y ciudades del país. Es inaceptable. Máxime si se está en momentos de cambios sustanciales para profundizar la democracia, como ocurre con los acuerdos políticos entre el estado Colombiano y la insurgencia de las FARC, a punto de ser firmados, que son una oportunidad histórica y política para que la sociedad civil participe en la configuración, desde la pluralidad, el argumento y sus agendas, en la consumación de un Estado social y de derecho de manera integral y en sus contexto territoriales. En palabras de S. Hessel, lo que está en juego  «… es la libertad y los valores más importantes de la humanidad», los  Derechos humanos para la democracia. El momento histórico por el que pasa el país  comprometería a constituirse en un incentivo para que la mayoría de colombianos y colombianas nos movilicemos y trabajemos en la procura de una fase de alistamiento, en un primer momento, y, luego de implementación de esos acuerdos —como punto de partida y superado el conflicto armado—, en construir una paz con justicia social.

    Para prosperar un proceso de paz corresponde, en términos políticos decentes, garantizar los cambios estructurales a favor de los sectores menos favorecidos, excluidos y estigmatizados, además de un legítimo estado social de derecho que asegure la inclusión en un país con los más altos niveles de inequidad y participación política; es decir, un tránsito de una democracia muy restringida que favorece sectores de elites del orden nacional e internacional, hacia una democracia radical que transite hacia una nueva ciudadanía que se identifique con los valores ético-políticos de la democracia y no de la guerra, desde la pluralidad de identidades políticas de los movimientos sociales que se dan en nuestro contexto. La pregunta movilizadora sería por las nuevas identidades y la construcción de ese sujeto ético-político.

    Frente a los  nuevos retos de enfoque y practica de los derechos humanos, en una sociedad en tránsito “de la guerra a la paz” siempre está “abierta la posibilidad de que emerjan nuevas identidades en torno a posiciones de sujeto subordinadas, excluidas de la articulación hegemónica dominante, lo cual configure un nuevo polo de confrontación”. Los sujetos políticos y las identidades colectivas son resultado de procesos dialecticos de construcción social. Así pues, dinamizar los movimientos sociales contemporáneos y promover iniciativas políticas conducentes al establecimiento de una democracia radical y pluralista es el reto para la “paz territorial”.

    Desde el observatorio de DDHH y Paz, la profundización de la democracia, es uno de las ángulos para garantizar, por un lado, las necesidades y, por el otro, las condiciones para el disfrute y promoción de los derechos humanos, los cuales pueden ser re-semantizados en contextos situados, condicionados por procesos genuinos y legítimos de participación política cualificada que, consecuentemente, trasformen, planifiquen e incidan en las  bitácoras de colectivos, territorios y estilos de vida.

    Finalmente, retomando a Stéphne Hessel, debemos reaccionar de manera masiva, exigir la negociación del conflicto armado en general —aún hace  falta adelantar y concretar al ELN y a otros—, refrendar los acuerdos, alistar las  agendas de las diversas organizaciones de la sociedad civil y participar activamente en la implementación de lo acordado, deduciendo que la paz se construye desde los territorios, desde abajo, donde la democracia es el condicionante y común denominador y los derechos humanos son un todo por re-crear. Nos aproximamos  a la construcción de un nuevo país.

     


    [1] Coordinador Observatorio Derechos Humanos y Paz del Instituto Popular de Capacitación –IPC-

    [2] Analista Observatorio Derechos Humanos y Paz del Instituto Popular de Capacitación –IPC-

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    Fecha:9 agosto, 2016
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